Los sorprendentes orígenes de las grandes marcas

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¿Dónde está el secreto para el éxito de una compañía? Los especialistas y los artículos de los medios económicos intentan siempre encontrar la clave de dónde encontró el responsable de la firma la idea brillante que hizo que se convirtiese una pequeña aventura empresarial en un auténtico éxito de mercado. Pero no solo tener una idea brillante es suficiente: también es necesario estar en el momento adecuado, o tener una buena presentación, o contar con una buena estrategia de branding. Un nombre que pegue con fuerza entre el consumidor es una gran baza para asegurarse el éxito de una compañía.

Estos son los elementos tradicionales con los que se explica el éxito de muchas grandes compañías, aunque no todas las firmas han tenido la misma historia y no todas han tenido los mismos orígenes. Algunas de ellas no tienen un nombre claramente bendecido por la suerte en el momento en el que fue escogido. Otras no nacieron en el mejor momento o asociadas a episodios históricos que quieran que hoy sean recordados. Y algunas fueron el resultado de una gran casualidad. El número de empresas con historias extrañas, con orígenes sorprendentes, es bastante elevado. Y estas son algunas de sus historias.

Fanta

La bebida refrescante de sabores es una de las marcas que tiene una historia sorprendente más popular. La bebida es propiedad de Coca-Cola y también lo fue en el momento de su nacimiento, en la Alemania nazi. Durante la II Guerra Mundial, Alemania no recibió envíos de la base para hacer Coca-Cola y el responsable de la firma en el país decidió buscar una alternativa.

Todo empezó en 1941, tras el bombardeo de Pearl Harbor. La central en Estados Unidos de la multinacional decidió dejar de hacer envíos a Alemania y Max Keith, el responsable de la compañía en Alemania, cogió varios ingredientes que encontró en una fábrica local en la que se acababa de hacer sidra (o eso dice la historia), los mezcló y creó la primera Fanta. Tras la II Guerra Mundial la producción fue parada, pero sería recuperada después para luchar contra Pepsi.

Los productos de higiene íntima femenina

En el caso de los productos de higiene íntima femenina, las compresas que hoy en día conocemos, su nacimiento tuvo mucho que ver con la casualidad y con los usos que los consumidores dan a los productos que las marcas crean. Durante la I Guerra Mundial, muchas mujeres trabajaron en los frentes de batalla como enfermeras. Fueron esas enfermeras las que descubrieron el uso que podía tener Cellucotton, un producto de Kimberly-Clark usado por el ejército estadounidense como elemento para parar las hemorragias. El Cellucotton era una especie de aplique de algodón con muchísima mayor cantidad de absorción y que se ponía en las heridas de los soldados para evitar que se desangraran. Las enfermeras comenzaron a usarlo como elemento para su higiene íntima.

Cuando acabó la I Guerra Mundial, Kimberly-Clark decidió reinventar su producto (ningún ejército lo iba a usar en teoría ya) y aprovechar los usos que le habían dado las enfermeras. El mercado fue un boom (hasta ese momento se usaban paños lavables) y cuando llegó la II Guerra Mundial su uso era generalizado entre las mujeres de Estados Unidos. Estas primeras compresas y las casas que las fabricaban no solo intentaron hacerse con el mercado de Estados Unidos. La prensa española de los años 20, por ejemplo, está llena de anuncios de Kotex, una de las primeras marcas fabricantes.

Los cereales nacieron para mejorar la salud

Durante el siglo XIX y principios del siglo XX, muchas cuestiones relacionadas con el sexo eran vistas de una forma diferente a lo que se ven ahora. La masturbación no solo era una cuestión tabú, sino también un problema médico. Se creía que causaba debilidad, mala salud y la consumición de todas las fuerzas. Las causas de semejante enfermedad eran muy variadas, según creían los expertos de la época. En Las buenas chicas no leen novelas, de Francesca Serra, se cuenta que a las mujeres no se les recomendaba andar en bicicleta, coser a máquina, llevar corsés muy apretados y, por supuesto, no debían leer novelas francesas.

Para acabar con semejante mal, nacieron diferentes expertos médicos y teóricos con diferentes teorías. Una de ellas fue la que llevó a que se creasen los cereales que hoy muchos toman en el desayuno, sin ser conscientes de su sorprendente origen. John Kellogg creía que parte del problema era el consumo de carne, que alentaba las ‘bajas pasiones’ así que creó una teoría en la que la parte principal era que comer cereales ayudaba a acabar con el problema. Su hermano, Will Kellogg, tuvo una visión más amplia del producto y lo vendió como un suplemento para el desayuno. Y triunfó.

Pero los cereales Kellogg’s no fueron los únicos productos que nacieron con esta historia, lo mismo sucede con los crackers, creados por Sylvester Graham. También eran un producto de cereales que quería acabar con las pasiones de sus consumidores.

Nintendo era una empresa de cartas

Muchas compañías japonesas y coreanas que son ahora puntales de las nuevas tecnologías tienen orígenes que poco tienen que ver con las nuevas tecnologías, ya que empezaron en remotos tiempos y con ideas mucho más diferentes a las que ahora les sostienen. Estas industrias demuestran, así, que se puede tener una vida muy larga en el mundo de la empresa (muchas son centenarias) siempre que se sepa ver por donde va a ir el viento y siempre que se asuma que los cambios son necesarios para mejorar posiciones y conservar el hueco que se tiene en el mercado.

En el caso de Nintendo, uno de esos ejemplos, la compañía empezó como una empresa que vendía cartas. Las cartas eran las clásicas barajas para realizar juegos de entretenimiento. Cuando arrancó en 1889 fabricaba cartas de juego tradicionales japonesas, aunque pronto empezó a fabricar también cartas al estilo occidental. Desde entonces, mucho ha llovido y mucho se ha reinventado Nintendo, que es ahora una de las grandes del mundo de las consolas y los juegos tech. Samsung, como nota sobre los sorprendentes orígenes de las empresas asiáticas, era en un principio un fabricante de noodles.

NASCAR y la Ley Seca

Los orígenes de NASCAR, uno de los circuitos de carreras de Estados Unidos más populares, está muy ligado a uno de los momentos de la historia de Estados Unidos que ha dejado más impacto en el cine, la literatura y la cultura popular. La Ley Seca estadounidense no solo empujó a las flappers y sus acompañntilde;antes a beber ginebra destilada en una bañera y a divertirse en oscuros garitos secretos, también creó una floreciente industria ilegal entre quienes importaban o producían alcohol y lo vendían de forma secreta. Los repartidores de whisky de contrabando tenían que correr a toda velocidad en sus coches para huir de la policía, en carreras que posiblemente tenían mucho de emocionantes y mucho de arriesgadas.

Los conductores acabarían terminando por competir entre ellos y, cuando ya la época de la Ley Seca había pasado, después de la II Guerra Mundial, uno de esos conductores, Bill France, convenció a sus compañeros para que creasen una asociación. Se llamó NASCAR y es el punto de inicio de lo que hay ahora.

Tiffany vendía material de papelería

Tiffany es una de las marcas que más se asocia al lujo y a los productos exclusivos y muy caros. Es la eterna marca de deseo, desde que las películas y las series la usaron como icono y desde que su caja azul se convirtió en el elemento perfecto (posiblemente gracias a películas y series) para hacer regalos. Pero, en realidad, sus orígenes son mucho menos aristocráticos que lo que se podría pensar. Al principio era una tienda que vendía material de papelería.

Si se convirtió en lo que es hoy es porque su fundador supo ver que lo que generaba más beneficios en su negocio no eran ni el papel de cartas ni los sobres, sino que eran unas joyas con diamantes. El fundador dio un vuelco a su negocio y lo reorientó, aunque – quizás en homenaje a sus orígenes – aún hoy se puede encontrar material de papelería en Tiffany.

Avon era una librería circulante

Avon es una de las empresas más populares de cosmética y el ejemplo de un modelo que tuvo mucho éxito en el pasado. Las agentes de Avon recorrían las casas vendiendo sus productos de cosmética y perfumería, puerta a puerta. Pero en sus orígenes, en el siglo XIX, la compañía era una librería: lo que los agentes vendían a las mujeres decimonónicas eran libros. El creador de la firma pensó que si iban acompañados por frascos de perfume conseguirían convencer antes a las consumidoras y llamar más su atención. Al final, el perfume ganó la partida a lo literario y se convirtió en lo que Avon vende.

Fuente | Puro Marketing

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